domingo, 3 de julio de 2016

Música


Paseaba por la vieja avenida, llena ahora de nuevos bares que te invitan a la felicidad con poses minimalistas de empleados creados a través de los posters que surgen de las series convertidas en la biblia del nuevo milenio.

Siempre he sabido cuando una sonrisa es forzada, será porque a mí se me nota mucho y eso me ha hecho conocer el momento, por eso paso de largo de esos lugares que ofrecen ser uno de los más en un mundo de menos, cantos de sirena que ocultan la realidad, miseria y mediocridad moral a cambio de la fotografía con más seguidores.

Seguía el paseo y de pronto me vi atraído por una fuerza irresistible. El sonido de una vieja guitarra, más vieja aún que los edificios que quedaban de pie en la calle, se empeñaba en romper el silencio de la podredumbre y dar color al blanco y negro de las emociones falseadas.

El artista miraba hacia su alma acariciando las cuerdas de donde emanaban lujuriosos sones que llenaron de vida mis sentidos. El quejido de un Blues amenazaba la nueva historia creada sobre papel de basuras modernas sin sentido, y mientras tanto, mi cuerpo flotaba sobre las baldosas de diseño buscando ese lugar lleno de barro del que surgió la primera nota a la que el ser humano llamó Música.

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