sábado, 14 de marzo de 2015

De Vinilos y Otras Glorias MCCCXIX

Para taladrar mentes cerradas y lugares donde la Música debe hacerse la dueña de los sueños, traemos algo como esto.


Fear Itself (Fear Itself) 1968


Trallazo dirigido a los sentidos que no están adormecidos sino esperando emociones en forma de calidad musical, "Fear Itself" juega con los sentimientos penetrando en lo más profundo de los sueños, con la Psycho más abrumadora que puedas desear.
La voz embriagadora de Ellen McIlwaine se eleva por encima de todas las cosas, su timbre no puede detenerlo ni esa guitarra pasada por mil efectos y desmadrada para arañar la piel, ni la batería jugando a contra ritmos en cada tema, ni ese órgano que se desliza de vez en cuando por entre las notas para suavizar una maravillosa sensación de temblor en el cuerpo cuando abrasan con los temas más directos al alma (entrar a saco con la armónica de "Crawlin' Kingsnake" ya lo dice todo).
No pueden detener esa voz porque en ella se sustenta todo lo que viene después, sea tras una abrumadora sesión de esfuerzos vocales para comerte vivo o con juegos vacilones para enjuagar un poco todo lo que te han echado encima ("Bow'd Up" se permite porque ella lo hace demoníacamente sugerente) aunque vuelvan a arrancar en pedazos de impactos directos a las entrañas, como el comienzo de "For Suki" que te deja seco. Ellen no deja que nada se le vaya y solamente los solos fuera de tempo pero tremendamente precisos de Chris Zaloom con su guitarra nos alejan un poco de ella, aunque no deje de gritar al viento lo que debe.
Un disco que se deja escuchar como un todo, con uniones entre los temas que le dotan de ese aire de continuidad y bloque sólido que viene tan bien, con un final de cara A espectacular y mágico de 8'48'' llamado "In My Time Of Dying" que podría servir para encender los ánimos de cualquier concierto, duelo servido entre Ellen y Chris con Bill McCord golpeando los timbales sin piedad durante todo el tema y el bajo comiéndose las cuatro cuerdas.
Una sensación tras otra, enorme por la intensidad y la categoría de los temas, puñales clavados en los sentidos que lejos de hacerte daño te acarician por la belleza de lo que te llega. La versión de "The Letter", extraordinaria y personal, da la justa medida de la originalidad del grupo, que durante todo el disco nos deleita con una belleza tras otra, y su unión (esa falta de espacios vacíos que no permiten) con "Lazarus" otra preciosidad.
"Fear Itself", una maravilla para que puedas irte sin dejar ningún mensaje.


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